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Los esfuerzos por mantener preñeces superiores al 95% intentan compensar los magros números de la actividad, en manos de pequeños productores.

Fernando Lagos y Carlos Kitroser cuentan los pormenores de un sistema que prioriza la eficiencia, apalancado con otras fuentes de ingresos.

Un grupo de 24 productores argentinos realizaron un viaje de capacitación a los Estados Unidos, visitando zonas que por sus caracteres agroecológicos se asemejan a la Pampa Húmeda, con lluvias anuales de 800 a 1.000 mm. De la mano de los especialistas Fernando Lagos y Carlos Kitroser, recorrieron campos criadores en Oklahoma y Kansas, además de feedlots y universidades, recabando información sobre la situación del sector. Las diferencias con los modelos argentinos, en cuanto a la escala de los productores y el estilo de vida rural, son algunas de las más llamativas.

“En Estados Unidos, los rodeos de cría con menos de 100 vacas representan el 90% del total y alcanzan al 50% del inventario de la categoría. La actividad está, entonces, en manos de pequeños productores”,  dijo a Valor Carne el Ing. Agr. Fernando Lagos a su regreso de la gira estadounidense. Ellos, prosiguió “financian el denominado ‘estilo de vida rural’ con otras rentas. En la mayoría de los casos, los propietarios son criadores part time y el 50 a 70% de sus ingresos proviene de fuentes ajenas al sector. Menos del 5% vive exclusivamente de este negocio”.

A pesar de ello, un importante indicador reproductivo como el porcentaje de preñez supera el 95% en promedio nacional.

¿Cuál es la razón? “En muchos casos los productores priorizan la condición nutricional de sus vacas, lo que los lleva a obtener altos niveles de eficiencia física, que contrastan con los resultados económicos. Según estudios de la Universidad Kansas State y la Universidad Texas A&M, realizados durante años, la rentabilidad es negativa para un alto porcentaje de criadores”, señaló Lagos. ¿Por qué persisten en la cría? “La actividad ofrece importantes ventajas impositivas. Además, la tenencia de la tierra y del ganado constituyen una reserva de valor”, argumentó. Otro factor que contribuye a la productividad es “el fuerte compromiso de los productores que, aún con dedicación parcial, controlan cada aspecto de la operación. El 30 a 40% de ellos tiene formación universitaria”, agregó.

El modelo 

Si bien la cría es el eslabón de la cadena que más se parece al argentino, por realizarse en sistemas pastoriles, hay asimetrías significativas en los pesos de madres y, como se anticipó, en los niveles reproductivos.

Con respecto a los pesos, las vacas estadounidenses están en el orden de los 570/600 kg, muy por encima de los 420/430 kg de las nuestras, y los terneros se destetan entre los siete y ocho meses de edad, con 220 a 240 kg, también más pesados que los locales. El destete es allí del 86% promedio, llegando al 90% en Kansas, en tanto que en la Argentina apenas alcanza al 62% y en la Pampa Húmeda sube al 74%.

“La explicación está en la condición corporal de las vacas de cría y vaquillonas de reemplazo, que en los Estados Unidos se mantiene todo el año entre 4 y 6, en una escala que va de 1 a 9, lo que garantiza preñeces del 95% o mayores. En tanto, en la Argentina, el promedio es de 3, lo que implica preñeces muy inferiores”, indicó. Y aclaró que “con el buen estado de las madres, no necesitan recurrir al destete precoz para aumentar la preñez, como en ocasiones se hace en la Argentina. Sólo en casos de sequía grave adelantan la práctica y entregan los terneros a feedlots especializados para su recría”.

Para Lagos, la clave de este desempeño está en que los criadores norteamericanos utilizan cargas bastante más bajas que las nuestras y suplementan sus vacas con energía y proteína cuando es necesario, sea por escasez de pasto o falta de calidad, con tal de no perder condición corporal. “Tal como se dijo antes, esto lo hacen aún a costa de disminuir la rentabilidad o hacerla negativa”, subrayó.

En esta línea, vale la pena resaltar el gran desarrollo de los servicios de extensión de las universidades estatales. “Hay varios técnicos por distrito, la mayoría con nivel de doctorado, que son altamente escuchados por los productores”, relató. En cuanto al criterio de suplementación, detalló: “cuando el contenido de proteína bruta del pasto es del 4% o menos, la práctica, aunque cara, no se discute. Se utiliza aún en años de bajos precios del ganado. Además, hoy, la burlanda resuelve las necesidades de proteína y energía, a un costo menor al de los suplementos tradicionales, gracias a la proliferación de plantas de etanol”.

Según el especialista, este modelo contrasta con los sistemas de cría de nuestro país “donde la suplementación no se adopta como práctica permanente sino para resolver casos puntuales, como la sequía, y la burlanda se emplea casi exclusivamente en los corrales de engorde”. Por supuesto, hay que poner en la balanza “el hecho de que aquí los precios del ganado son un 60 a 70% de los estadounidenses, mientras los granos y suplementos proteicos cotizan a niveles internacionales, en ambos países”, aseveró.

Contrastes

EE.UU. implementó una política de alta subdivisión de la tierra durante la etapa de la colonización y, aunque hayan desaparecido explotaciones de escaso tamaño, ello se ve reflejado en la escala de los campos criadores aún en nuestros días.

“Los pequeños productores venden sus terneros en ferias locales, muchas veces a bajos precios. Los feedlots y los frigoríficos, altamente concentrados, son quienes se llevan las mayores ganancias”, destacó. En este contexto, “a los hijos de estos productores les resulta difícil abrirse camino en la actividad, por el elevado capital necesario para subsistir, lo cual supone importantes desafíos”, planteó.

Desde la Oklahoma State University, donde el grupo de visitantes asistió a una conferencia del Dr. David Lalman, se dieron a conocer algunas señales de alerta. “Nos hicieron notar la reducción gradual de la tasa de destete que se viene produciendo en los últimos años. Esto se debería al agrandamiento excesivo del tamaño de las vacas de cría, con relación a los recursos forrajeros existentes”, resaltó Lagos, aludiendo a la continua selección para mejorar la eficiencia de conversón en la fase del crecimiento, algo genéticamente correlacionado con el peso del animal adulto. Pero esto, también obedece a “la necesidad de abastecer el tipo de novillo que requieren los frigoríficos para optimizar sus costos industriales. En los Estados Unidos, la demanda está concentrada en cuatro compañías que adquieren el 85% del total del ganado engordado. Por lo tanto, son ellos los que imponen los pesos de faena”, aclaró.

A modo de reflexión, finalizó Lagos, “en la Argentina, el porcentaje de rodeos con más de 200 vacas es del 79% contra el 37% de los Estados Unidos. A su vez, la demanda, tanto de feedlots, como de frigoríficos, matarifes y carniceros, está aquí mucho más atomizada. Al menos 1.000 compradores actúan en el mercado. Por esas razón, la renta está bastante más repartida entre los diversos sectores”.

Por Liliana Rosenstein, Editora de Valor Carne

 

 

Fuente: Valor Carne